¡Que tristes navidades!

Bajó al garaje, revolvió varias cajas de cartón apiladas y, en una que ponía juguetes, rompió el precinto. Tras remover, salió el casco romano de plástico color plata y penacho rojizo. Otros romanos de caballería lo llevaban de bronce y con plumas. Lo acarició y recordó las navidades de los últimos años del siglo XX.

Los viajes al vertedero a coger escay burdeos de sofás viejos. María Adriana Blanco cosiendo ese escay, poniendo fleco dorado, y los colocaba en un cinturón para los que hacíamos de romanos. Las garrafas de aceite cortadas y pintadas de purpurina plata como si fueran corazas. Las capas rojas, las lanzas, los escudos, los ensayos en la plaza con Mariano Rivera. Tanta ilusión para una noche.

Montábamos, los romanos de caballería en el picadero de la carretera de Campo Real. Hacíamos un Belén viviente en la Plaza Mayor, con su portal que cubrían las ramas de traíamos de los pinos. Con una cascada de agua y un motor sobre la piscina de Richard. Lumbre, pastores, y rosquillas.

Casco RomanoCuando venían los romanos de caballería por el Campo de Golf, un caballo tiró a Alfonso Moratilla y salió de estampida a un chalet a Eurovillas. Mariano Rivera, vestido de romano, se apeó de su caballo, le cogió la vespino a su padre y salió a todo gas por los olivos. Cuando le vieron aparecer por la calles de la urbanización con la capa al vuelo las carcajadas se oyeron en Pozuelo. La gente le indicó donde estaba el caballo pastando en un chalet y los vecinos de la urbanización, la ayudaron a traerle, Cuando vimos aparecer a Mariano con una caravana de coches de los vecinos de Eurovillas siguiendo su ciclomotor y el caballo atado a un Land Rover nos moríamos de risa.

Se hizo la representación del Belén viviente, y los romanos salimos a buscar a los Reyes. En sus carrozas, formadas por remolques decorados esperaban SS. MM de Oriente. Una caravana de tuareg que apestaban a alcohol, y eso que los musulmanes no bebían, donde sobresalía un camello de carne y hueso que llevaba del ramal Oscar Segui.

Cuando llegaron los Reyes a la plaza, adoraron al Niño, se acomodaron en sus tronos y repartieron regalos a todos los niños.

A alguien, se le ocurrió dar una rosquilla al camello y le gusto. Desde ese momento, el camello, se abalanzaba sobre todo el que tenía una rosquilla para quitársela. María Adriana tomo el micrófono y dijo:

– Atención, Atención, no den rosquillas a la camella.

¡Hacía falta estar loco para organizar aquello!. Nos contagiamos de esa locura y no me arrepiento. ¡Que hermosos recuerdos! ¡Cuanta ilusión en los ojos de cada niño!