LA TORTILLA DE COLLEJAS

El niño, de la mano de la abuela, bajó por el camino paralelo a la Carretera de Ambite. A la izquierda había quedado el Juego Pelota y el vertedero. Llegaron a las primeras eras y se salieron del camino para llegar a un lindero con cañas que se dirigía a la compuerta del arroyo. La abuela Julia cogió los dos picos de su delantal y los unió en su cintura para convertirlo en una bolsa.

– Ahora la abuela te va a coger unas collejas pequeñas y tiernas para hacerte una tortilla con un huevo de dos yemas que me han puesto las gallinas. – me dijo.

– A mi no me gustan la collejas, me da asco la verdura – respondí.

– Que noooo. Que las collejas son muy finas y muy ricas. Hoy es viernes de cuaresma y no podemos comer carne. – me dijo intentando que entrara en razón.

– ¿Y si se ha meado un perro en ellas?. Que no me las como. – Afirme categóricamente. 

– ¡Va un manioso!, yo me las comeré.

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