El tren que no paró en villar

Recientemente se presentó en nuestro municipio el libro sobre la vía de Negrín o el Tren de los 40 días, como en su momento ya dimos cuenta aquí, pero no es la única historia fascinante entre los trenes y Villar. Esta historia es todavía más antigua, tanto, que tiene más de 150 años.

Pero antes que nada, tenemos que poner en contexto el asunto. Recientemente el Metro de Madrid ha cumplido su centenario, siendo uno de los primeros suburbanos eléctricos y por ende uno de los primeros ferrocarriles electrificados de nuestro país. La electricidad supuso una revolución en todos los aspectos en las primeras décadas del siglo XX, luego más adelante lo sería la automoción, la electrónica, la informática…

La electricidad supuso un gran cambio para la industria y para la vida diaria de todos los ciudadanos. En las grandes urbes se empezaron a sustituir los candiles de aceite o gas como iluminación pública, al tiempo que los vehículos privados de combustión hacían sus primeros pinitos sustituyendo la tracción animal, también hacían lo propio los eléctricos llegando a tener una buena cuota de mercado, cayendo mas tarde en el olvido durante casi un siglo por los lobbies del petróleo.

Algo parecido sucedió con los ferrocarriles. Durante más de 50 años habían supuesto una gran fuente de ingresos para la industria del carbón y aunque por 1910 ya se disponía de la tecnología necesaria para el desarrollo de trenes y líneas eléctricas mucho más rápidos y económicos que los de carbón, no fue hasta pasada la guerra civil cuando esta tecnología empezó a despegar en nuestro país, debido en gran medida a las necesarias tareas de reconstrucción de gran parte de la red ferroviaria y a la escasez de recursos minerales tras el conflicto español y a nivel continental por la II Guerra Mundial, aunque la escasez de recursos para material nuevo obligó a reciclar trenes antiguos de vapor, que siguieron circulando por nuestro país comercialmente hasta 1970.

Nuestra historia de amor entre el ferrocarril y Villar del Olmo se remonta a mediados del siglo XIX. Por aquel entonces, a igual que hoy podemos encontrar en los kioscos publicaciones monográficas sobre muchos temas: fotografía, aviones, mundo Apple, Android, vídeo juegos, trenes… ya existían este tipo de publicaciones temáticas.

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